La inflación de agosto se ubicó en 1,7%, el registro más bajo de los últimos 14 meses. Eduardo Robinson destacó la desaceleración, pero advirtió que la mejora del indicador convive con servicios que aumentaron por encima del promedio, una actividad urbana todavía “planchada” y una economía que se volvió relativamente cara medida en dólares.
En diálogo con La Gaceta, el economista consideró positivo el comportamiento de los precios, especialmente si se observa la trayectoria inflacionaria de Argentina durante los últimos años. Sin embargo, planteó que la estabilización macroeconómica todavía debe traducirse en una recuperación más visible de la actividad, el empleo y los ingresos disponibles de los hogares.
“La foto es relativamente buena, pero por ahí cuando miramos la película creo que es un poco mejor la película que la foto”, afirmó Robinson.
Inflación de agosto: el 1,7% no impacta igual en todos los hogares
La desaceleración del Índice de Precios al Consumidor constituye una señal favorable, pero el promedio general no necesariamente refleja la evolución de todos los gastos que enfrentan las familias.
Robinson señaló que rubros como combustibles, medicina prepaga, servicios públicos, telefonía y colegios registraron incrementos que, en una perspectiva anual, se ubican por encima del 33,5% de inflación interanual.
Esta diferencia afecta especialmente al ingreso disponible, es decir, el dinero que queda en los hogares después de afrontar los gastos que difícilmente pueden eliminarse del presupuesto mensual.
“Hay una cuestión también de fondo que hay que ver: todo lo que tiene que ver con el ingreso disponible, llamémosle así, es decir, lo que queda para consumo una vez que vas pagando todos los gastos que tienen que ver con gastos fijos”, explicó Robinson.
El fenómeno ayuda a entender por qué una desaceleración de la inflación puede convivir con hogares que todavía encuentran dificultades para percibir una mejora equivalente en su economía cotidiana.
De la estabilización macro a la recuperación de la actividad
Para Robinson, bajar la inflación continúa siendo una condición fundamental para ordenar la economía argentina, pero el desafío siguiente es que esa estabilidad se traslade a la actividad productiva y al empleo.
El economista destacó el desempeño de las exportaciones y el aporte de sectores como energía, minería y commodities. Sin embargo, diferenció esa realidad de la que atraviesan actividades vinculadas con los centros urbanos, donde observa una recuperación más limitada.
“La generación de empleo, y sobre todo en los sectores urbanos, donde la actividad está mucho más estabilizada, planchada, con muy poca reactivación”, constituye uno de los puntos que todavía deben mejorar, sostuvo.
Robinson consideró que una macroeconomía más estable debería generar condiciones para una recuperación progresiva de estas variables. El proceso, no obstante, requiere tiempo y no necesariamente se produce de manera simultánea en todos los sectores.
¿Puede volver a acelerarse la inflación?
El antecedente reciente obliga a mantener cierta cautela. Robinson recordó que en mayo del año anterior la inflación había descendido al 1,5%, pero posteriormente volvió a acelerarse.
Actualmente observa una macroeconomía más sólida, aunque todavía expuesta a variables capaces de trasladarse nuevamente a precios, entre ellas un eventual movimiento del tipo de cambio o algún desequilibrio monetario.
“Este año podemos tener chance de tener una inflación un poco más hacia la baja, al menos en los próximos meses”, señaló.
Sin embargo, evitó plantear esa trayectoria como una certeza. “La economía argentina es prácticamente una economía día a día. Todo hace prever que la inflación podría estar en estos valores, pero nada asegura nada, lamentablemente, en la economía argentina”, afirmó Robinson.
Argentina, más cara en dólares
La estabilidad cambiaria introduce otro desafío para la economía. Con un dólar que se mantiene relativamente estable mientras los precios internos continúan aumentando, los costos medidos en moneda estadounidense crecieron.
“Cuando hacés los números, los costos, incluso cuando comparás con países vecinos, Argentina es una economía que hoy está relativamente cara en dólares”, explicó Robinson.
La pregunta, según el economista, es si se trata de una situación coyuntural o de un cambio con características más estructurales.
La diversificación de las exportaciones podría estar modificando algunas de las condiciones históricas del mercado cambiario argentino. A las exportaciones agrícolas se suman con mayor peso la energía y la minería, algo que podría contribuir a sostener un tipo de cambio más estable y un peso relativamente más apreciado.
Para Robinson, esta situación obliga especialmente a las empresas a revisar su funcionamiento interno.
El nuevo desafío para las empresas: competir sin trasladar todo a precios
En contextos de inflación elevada, las empresas cuentan con mayor margen para trasladar incrementos de costos a los precios. Una inflación más baja modifica esa dinámica.
“Cuando la inflación es relativamente baja, ya no tenés que mirar tanto afuera, porque ya no podés trasladar tanto a precio, sino que tenés que mirar cómo está tu estructura de costos internos”, explicó Robinson.
Esto plantea un desafío particularmente relevante para las pymes y el sector productivo: mejorar procesos, ganar eficiencia y reducir costos en un escenario en el que la devaluación tampoco aparece como una solución sencilla.
Una corrección cambiaria podría abaratar temporalmente los costos argentinos medidos en dólares, pero Robinson recordó que las devaluaciones históricamente terminan trasladándose con rapidez a los precios internos.
Mora: el problema no es endeudarse, sino no poder pagar
Hacia el final de la entrevista, Robinson abordó otro fenómeno que comienza a ocupar un lugar central en la economía de los hogares: las dificultades para cumplir con las deudas.
El economista hizo una distinción entre endeudamiento y mora. Acceder a un crédito no constituye necesariamente un problema; la señal de alerta aparece cuando aumentan los atrasos y las familias dejan de poder cumplir con sus obligaciones.
“No podemos esconder el problema. Hay un problema, pero no de endeudamiento, hay un problema de mora”, afirmó.
Entre las causas mencionó las altas tasas de interés, el peso de los gastos fijos sobre los ingresos y la expansión del crédito a través de herramientas digitales. También señaló que la desaceleración inflacionaria cambió las expectativas de quienes anteriormente podían tomar préstamos bajo la premisa de que una inflación elevada terminaría reduciendo el peso real de las cuotas.
Robinson consideró que una posible respuesta podría pasar por facilitar refinanciaciones bancarias analizadas caso por caso, antes que por un salvataje general de los deudores.
Menos inflación, pero con desafíos pendientes
La inflación de agosto de 2026 confirma una tendencia favorable para una economía que durante años tuvo en la aceleración de los precios uno de sus principales desequilibrios. El 1,7% representa, en ese sentido, una señal relevante.
El análisis de Robinson, sin embargo, pone el foco en la etapa siguiente: lograr que la estabilización macroeconómica se traduzca en mayor actividad, empleo, crédito y capacidad de consumo.
Al mismo tiempo, un dólar estable y costos internos crecientes abren una nueva discusión sobre la competitividad de las empresas argentinas. Si la inflación continúa descendiendo, el desafío ya no será únicamente contener los precios, sino construir una economía capaz de crecer en un escenario de mayor estabilidad.