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La inflación de junio fue del 1,9%, pero el desafío económico sigue siendo reactivar el consumo

La inflación de junio volvió a mostrar una desaceleración y se ubicó en 1,9%, según los datos difundidos por el INDEC. Aunque el indicador representa el tercer descenso consecutivo de la inflación mensual, el economista Eduardo Robinson advirtió que la principal preocupación ya no pasa únicamente por la evolución de los precios, sino por la necesidad de recuperar la actividad económica, el crédito y el poder adquisitivo de los hogares.

Durante una entrevista en el programa Todo Pasa, Robinson analizó el escenario económico actual y explicó que la Argentina enfrenta un dilema complejo: sostener la baja de la inflación sin profundizar el estancamiento del consumo y la producción.

La inflación continúa desacelerándose

El INDEC informó que la inflación de junio fue del 1,9%, un dato que se ubicó dentro de las previsiones del mercado y por debajo del 2%.

«Se esperaba ese número, el rango estaba entre 1,7 y 1,9. Dio por debajo del 2%. Lo importante es que continúa, por tercer mes consecutivo, una desaceleración en la tasa de inflación», afirmó Robinson.

El economista recordó que la inflación había alcanzado un pico del 3,4% en marzo, luego descendió al 2,1% en mayo y ahora volvió a moderarse hasta el 1,9%.

Además, señaló que la inflación interanual se ubica alrededor del 33%, mientras que la acumulada en lo que va del año ronda el 17%.

Por qué muchas personas sienten una inflación diferente

Uno de los puntos que Robinson destacó es la diferencia entre el dato oficial y la percepción cotidiana de los consumidores.

«El índice de precios al consumidor es un promedio. Hay personas que pueden estar por encima en lo que es su canasta de consumo mensual y hay otras personas que pueden estar por debajo», explicó.

Según indicó, algunos rubros continúan ejerciendo una presión importante sobre el presupuesto familiar. Entre ellos mencionó recreación y cultura, alimentos, combustibles, alquileres, medicina prepaga y otros servicios que siguen ajustándose por inflación.

Pese a la desaceleración de los precios, Robinson sostuvo que la mejora todavía no se traduce en una recuperación del ingreso real.

«Estamos viendo niveles salariales muy bajos. Mucha gente dice: ‘No me alcanza, no estoy llegando a fin de mes’. Las jubilaciones están muy atrasadas», afirmó.

Para el economista, la reducción de la inflación constituye una señal positiva, pero advirtió que aún persisten problemas estructurales que afectan el bolsillo de las familias.

El gran dilema: inflación o actividad económica

Uno de los ejes centrales del análisis fue la relación entre la estabilidad de precios y la recuperación económica.

«El dilema que se le plantea al Gobierno es bajar el nivel de actividad económica para bajar más la inflación, o permitir un poco más de inflación con un mayor incremento de actividad económica», sostuvo Robinson.

A su juicio, ese equilibrio será uno de los principales desafíos durante el segundo semestre del año.

El crédito aparece como una pieza clave para la recuperación

Más allá de la inflación, Robinson consideró que el verdadero problema actual es la falta de financiamiento para familias y empresas.

«Lo que está faltando son pesos en la calle», señaló.

Explicó que, aunque la economía podría registrar crecimiento durante el año, esa mejora no se percibe de manera uniforme en las distintas regiones del país.

«Uno camina por el microcentro de muchas provincias y nota una disminución del comercio, locales vacíos», advirtió.

En ese contexto, remarcó que la recuperación dependerá de mejorar el acceso al crédito y generar condiciones para impulsar nuevamente el empleo y el consumo.

Una inflación más baja no resuelve todos los desafíos

Para Robinson, la desaceleración inflacionaria representa un avance importante respecto de la historia reciente de la economía argentina, pero no constituye por sí sola la solución a los problemas económicos.

La estabilidad de precios deberá complementarse con políticas que impulsen el crédito, fortalezcan la actividad económica y permitan recuperar el ingreso real de trabajadores y jubilados. Solo así, señaló, la mejora de los indicadores macroeconómicos podrá trasladarse de manera más visible a la vida cotidiana de las familias argentinas.

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