El economista Eduardo Robinson realizó un balance del año económico 2025, un período que definió como “muy desafiante” para la Argentina. Según explicó, el Gobierno tuvo como principal objetivo demostrar que su programa económico era viable, especialmente en materia inflacionaria, en un contexto atravesado por el estrés propio de un año electoral.
Robinson señaló que los procesos electorales suelen generar incertidumbre macroeconómica y que, en la Argentina, esa incertidumbre se canaliza principalmente a través de la demanda de dólares. “Durante los meses de septiembre y gran parte de octubre vimos cómo la demanda de dólares fue creciendo precisamente por lo que implica el proceso electoral”, explicó.
Inflación, dólar y actividad económica: los ejes del programa
Al analizar los principales ejes del año, Robinson destacó tres factores centrales: la inflación, el proceso electoral y la necesidad de dinamizar la actividad económica. Subrayó que uno de los desafíos del Gobierno fue lograr una economía más homogénea, menos concentrada en sectores como el agro, la minería o el petróleo.
En paralelo, remarcó que otro objetivo clave fue alcanzar cierta estabilidad cambiaria. Recordó que en abril se abandonó el esquema de crawling peg —mini devaluaciones— para pasar a un sistema de bandas cambiarias, con ajustes mensuales del 1% en el techo y el piso. Este cambio, explicó, generó incertidumbre inicial en el mercado.
Robinson explicó que hacia diciembre el Gobierno anunció una modificación en el funcionamiento de las bandas cambiarias, que comenzarán a ajustarse en función de la inflación a partir de enero del próximo año, especialmente en el techo de la banda.
Según su análisis, estos cambios forman parte de los puntos fundamentales del programa económico de 2025. A su juicio, la economía cierra el año “en alguna medida fortalecida”, principalmente por la baja de la inflación y una mayor estabilidad del tipo de cambio.
Cómo termina 2025: inflación más baja y mayor estabilidad
Al hacer un balance final, Robinson sostuvo que la economía termina 2025 con una inflación cercana al 30%, luego de niveles muy elevados en años anteriores. Recordó que en 2023 la inflación fue del 211%, en 2024 del 117% y que el descenso registrado este año marca un cambio relevante en la dinámica de precios.
También señaló que las mediciones oficiales coinciden con las estimaciones privadas, lo que aporta mayor confianza a los datos del INDEC, aunque aclaró que aún queda pendiente revisar cuestiones técnicas como la ponderación entre bienes y servicios en el índice de precios.
Expectativas para 2026: optimismo moderado
De cara al próximo año, Robinson explicó que el Gobierno proyecta una inflación cercana al 10%, aunque el mercado considera ese objetivo ambicioso y estima que podría ubicarse más cerca del 20%. Aun así, señaló que las perspectivas generales son “bastante alentadoras”.
No obstante, aclaró que el programa económico sigue mostrando limitaciones. Consideró que aún no se implementó un plan integral que abarque de forma más amplia a los sectores productivos ni que logre una reactivación homogénea de la economía.
Empleo, poder adquisitivo y crédito: los puntos débiles
Robinson advirtió que, pese a la baja inflacionaria, el poder adquisitivo continúa siendo bajo y el empleo permanece estancado. Señaló que una eventual mejora podría venir de la mano de la reforma laboral, aunque aclaró que esa dinámica todavía no se ha materializado.
En su análisis, el programa económico se concentró principalmente en el plano fiscal —con la reducción del déficit— y en una política monetaria restrictiva para controlar la inflación. Sin embargo, sostuvo que “en algunos puntos luce exitoso, pero en otros presenta falencias”.
Finalmente, Robinson destacó la sanción de la ley de Presupuesto como un hecho clave para el futuro económico. Comparó su importancia con la planificación de una empresa o un hogar y explicó que la falta de presupuesto durante los primeros años de gestión generó incertidumbre.
Según explicó, contar con un presupuesto aprobado y con superávit fiscal brinda previsibilidad, fortalece la macroeconomía y envía una señal positiva a los mercados, especialmente en un contexto de vencimientos de deuda y necesidad de volver al crédito internacional.